En el complejo panorama económico del Cono Sur, la capacidad de predecir se ha vuelto el activo más preciado para toda organización. De hecho, para las empresas de Argentina y Brasil, la internacionalización no es solo una estrategia de crecimiento, sino una medida de resguardo frente a la volatilidad cambiaria y la presión impositiva de sus mercados locales.

Es allí donde emerge Uruguay, no solo como un vecino cercano, sino como un socio estratégico que ofrece un ecosistema diseñado para potenciar la rentabilidad de las empresas, convirtiéndose en la opción idónea para muchas organizaciones que desean expandirse y proteger sus activos, todo gracias a las bondades que ofrece este país en el ámbito productivo, económico y legal.
Marco normativo, el pilar de la eficiencia tributaria
No es un secreto que el sistema tributario es lo que más atrae a los inversores extranjeros en el caso de Uruguay, ya que la aplicación del principio de territorialidad por parte de Uruguay es lo que permite alcanzar una auténtica eficiencia tributaria. De hecho, Uruguay, a diferencia de los sistemas de «renta mundial» que son comunes en la región, aplica impuestos principalmente sobre las rentas producidas por actividades realizadas o bienes ubicados dentro de sus límites territoriales.
Esta distinción es esencial para las compañías dedicadas a servicios o comercio que eligen Montevideo como su sede. Asimismo, si una compañía de Uruguay ejecuta operaciones en el extranjero, bajo determinados arreglos legales, esas ganancias pueden no ser gravadas por el Impuesto a las Rentas de las Actividades Económicas (IRAE). Esta particularidad posibilita que los beneficios generados a nivel mundial no se vean afectados fiscalmente como lo estarían si la matriz estuviera situada en otros países de la región.
Las zonas francas, un ecosistema de exenciones para la exportación
Uno de los pilares del éxito en Uruguay es el sistema de Zonas Francas (ZF), ya que estas áreas están delimitadas por la ley para fomentar la inversión y el empleo, ofreciendo a las empresas extranjeras un entorno de tributación casi nula. De hecho, las compañías instaladas en ZF están exentas del IRAE, del Impuesto al Patrimonio y de cualquier impuesto sobre la importación o exportación de bienes.
Para un empresario de Brasil que se enfrenta a una estructura tributaria en cascada, o para uno de Argentina que tiene que lidiar con las retenciones a la exportación, la Zona Franca supone una ventaja competitiva insuperable. En adición, en Uruguay no se aplican retenciones a los dividendos que reciben los accionistas en el extranjero, lo cual favorece la repatriación de capitales o la reinversión en mercados emergentes.
Uruguay frente a los sistemas de Argentina y Brasil
Es evidente, al comparar la carga tributaria, por qué el flujo de capital hacia Uruguay es constante. Y es que, en Argentina, las compañías lidian con una escala del Impuesto a las Ganancias que puede alcanzar hasta el 35%, además de impuestos distorsivos como el «impuesto al cheque» y un sistema de tipos de cambio múltiples, lo cual complica la planificación financiera. Por otro lado, Uruguay tiene un régimen general con una tasa fija del 25%, que puede ser reducida significativamente a través de incentivos. Además, cuenta con un mercado de cambios unificado y libre.
Por otro lado, se sabe que el sistema de Brasil es uno de los más complejos del planeta. El entramado de impuestos a nivel federal, estatal y municipal (como el ICMS, IPI e ISS) crea una carga financiera y burocrática que consume recursos operativos importantes. Sin embargo, Uruguay facilita este escenario mediante un IVA del 22% (que no se aplica a las exportaciones de servicios) y un sistema tributario centralizado que posibilita que los gerentes financieros se concentren en el negocio, no en la liquidación de impuestos.
Aunado a esto, Uruguay ha establecido una serie de acuerdos con sus países vecinos para impedir la doble imposición. Esto implica que un empresario puede operar en Uruguay con la certeza de que hay instrumentos legales para evitar el doble pago de impuestos cuando se reporta a las autoridades fiscales de origen, lo que asegura una transparencia absoluta y el acatamiento de los estándares establecidos por la OCDE.
Estímulos a la inversión y el sector tecnológico
Más allá de las Zonas Francas, el sistema general de Uruguay brinda también ventajas agresivas. Y es que las compañías de todos los sectores, desde la industria hasta el comercio, pueden presentar proyectos de inversión, según la Ley de Promoción de Inversiones (COMAP), para conseguir exoneraciones del IRAE. De hecho, estas exoneraciones tienen la capacidad de abarcar un alto porcentaje de la inversión hecha, fundamentándose en la generación de trabajo, la descentralización y el progreso tecnológico.
El sector del software merece una mención separada, dado que las ganancias obtenidas de la explotación de software desarrollado en el país están exoneradas del IRAE al 100%. Uruguay ha llegado a ser el mayor exportador per cápita de software en América Latina. Evidentemente, esta política ha despertado el interés de centenares de startups argentinas y «unicornios» que quieren expandir sus soluciones al mundo entero desde un ecosistema estable.
Estabilidad jurídica y visión de futuro
Finalmente, la seguridad jurídica es necesaria para que la eficiencia tributaria sea sostenible. Asimismo, las normas en Uruguay son estables y no cambian según el color
político del gobierno en funciones. Cabe destacar que esta previsibilidad es lo que permite que una empresa de Argentina o Brasil pueda proyectar sus finanzas a 10 o 20 años, algo casi imposible en sus mercados domésticos.
Indudablemente, Uruguay ofrece más que una baja carga tributaria; brinda incentivos a la innovación, un marco legal reconocido a nivel internacional y una estructura de costos inteligente. De hecho, para las compañías ubicadas en la región, cruzar el Río de la Plata es el paso natural para conseguir una administración financiera más eficaz y un crecimiento internacional seguro.