El mural que estuvo a la vista durante medio siglo y que hoy invita a reflexionar sobre el patrimonio de Nueva Helvecia

Hay elementos que forman parte del paisaje cotidiano de una ciudad durante décadas y que, precisamente por estar siempre allí, terminan pasando desapercibidos para quienes conviven con ellos.

Eso ocurrió en Nueva Helvecia con un mural realizado en 1956 por José Pedro Costigliolo, uno de los artistas más importantes de la historia del arte uruguayo y referente de la abstracción geométrica en el país.

La obra formaba parte de la fachada de un comercio ubicado en la esquina de Gilomén y 25 de Agosto, propiedad de la familia Huber, y estaba integrada al diseño arquitectónico del edificio proyectado por el arquitecto Leonel Oronoz, oriundo de Colonia Valdense.

Durante más de cincuenta años el mural convivió con vecinos y visitantes como una pieza más del paisaje urbano. Sin embargo, en 2007 fue retirado mediante un complejo operativo de extracción y trasladado a una galería privada de José Ignacio, en Maldonado.

La historia fue retomada recientemente por el arquitecto Gerardo Martínez, quien reflexionó sobre el significado patrimonial de la obra y del propio edificio, planteando además una pregunta que trasciende el caso concreto: ¿cuántos bienes de valor histórico, cultural o artístico existen en nuestras ciudades sin que la comunidad tome plena conciencia de su importancia?

Martínez destacó que el mural dialogaba de forma natural con la arquitectura diseñada por Oronoz, integrándose al edificio como una pieza inseparable de su identidad.

Según explicó, la obra no solamente tenía valor artístico por la firma de Costigliolo, sino que constituía parte esencial de una propuesta arquitectónica que caracterizó durante décadas a una de las esquinas más reconocidas de Nueva Helvecia.

El arquitecto sostuvo además que tanto el mural como el edificio reunían varias de las condiciones que suelen considerarse para una eventual declaración patrimonial, debido a su valor histórico, artístico, arquitectónico y por su vinculación con figuras relevantes de la cultura nacional.

Incluso afirmó que el conjunto edilicio podría haber sido candidato a integrar el patrimonio nacional, ya que representaba una obra característica de Leonel Oronoz y al mismo tiempo incorporaba una creación de uno de los máximos exponentes del arte uruguayo del siglo XX.

Martínez también recordó las dificultades técnicas que implicó la extracción del mural y señaló que actualmente la obra se encuentra en una galería de arte en José Ignacio.

Más allá de su ubicación actual, el caso abre una discusión más amplia sobre la preservación del patrimonio y la necesidad de identificar, valorar y proteger aquellos elementos que forman parte de la memoria colectiva de las comunidades.

Porque el patrimonio no siempre está representado por grandes monumentos o edificios emblemáticos. Muchas veces se encuentra en lugares que forman parte de la vida cotidiana y cuyo valor recién se descubre cuando ya no están.

La historia del mural de Costigliolo en Nueva Helvecia es también una invitación a observar con otros ojos nuestras ciudades y a preguntarnos qué legado cultural queremos conservar para las próximas generaciones.

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